Enfermedades relacionadas con la Obesidad
Cada vez más cerca del diagnóstico de diabetes en fase presintomática
Diabetes tipo 1: cada vez más cerca del diagnóstico en fase presintomática
Publicado en Consumer . Fundación Española de Diabetes
El desarrollo de marcadores facilitará esta labor en diabetes tipo 1, patología autoinmune en la que también se estudia el peso del medioambiente, además de la genética.
La diabetes tipo 1 (DT1) sigue siendo un paradigma de enfermedad compleja que requiere un abordaje necesariamente multidisciplinar. Integrar perspectivas clínicas, inmunológicas, epidemiológicas y tecnológicas permite avanzar hacia modelos más eficientes de prevención e intervención precoz, según los expertos que han participado en el XXXVII Congreso Nacional de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes (FSED), que ha concluido este fin de semana en Sevilla.
Diversas sesiones científicas han girado en torno a la necesidad de anticiparse lo más posible a la identificación de casos de riesgo que terminen desarrollando DT1, focalizando la atención en dos aspectos esenciales: cribado, seguimiento y nuevas terapias en edades tempranas, y el diagnóstico de la diabetes tipo 1 (DT1) presintomática.
En este sentido, Marta Murillo Vallés, de la Unidad de Endocrinología Pediátrica, del Servicio de Pediatría del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol. Badalona, en Barcelona, y profesora asociada de Pediatría de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), ha señalado que cada vez estamos más cerca cerca de poder predecir enfermedades autoinmunes antes de que aparezcan los primeros síntomas. «Ya estamos en ello en el caso de la Diabetes tipo 1 (DT1); si una persona presenta autoinmunidad positiva frente a alguno de los anticuerpos de la célula beta. Esto va a cambiar el momento y el modo en el que se diagnostica esta enfermedad».
Así, para el futuro, la especialista augura que será posible diagnosticar la DT1 en fases preclínicas o presintomáticas «de tal manera que podamos prepararnos para la fase sintomática (insulinización), que ésta tenga lugar de una manera controlada y más leve, con un mejor control de la enfermedad a medio-largo plazo o incluso con la posibilidad de poder realizar terapias que retrasen la destrucción de la célula beta».
Actualmente, diversos marcadores están demostrando utilidad clínica real y se esperan más para los próximos años. «Sin duda los autoanticuerpos son los que marcan la presencia de enfermedad, aunque en fase preclínica, o el riesgo de presentarla en el caso de tener sólo uno. Pero con el tiempo es imprescindible catalogar otros biomarcadores de progresión de deterioro de función de la célula beta como alteraciones en la secreción de glucosa o del péptido C.
Sobre las principales barreras, científicas o clínicas, que impiden aplicar de forma generalizada estos avances en la práctica diaria, Murillo considera que lo ideal sería poder realizar un cribado poblacional con medición de autoinmunidad sobre personas sanas sin antecedentes de diabetes, «especialmente en la infancia, con el problema de costes, infraestructuras, formación y organización que ello supone. Por el momento, las guías recomiendan hacer cribado a familiares de primer grado con DT1 y no hacer todavía cribado poblacional».
¿Entorno, genética… o ambos?
En este congreso, los profesionales también han analizado, y puesto de manifiesto, el papel que ocupa el entorno, cada vez más sólido, en la inmunidad y, más especialmente, en el desarrollo de esta patología. «La genética es clave, pero por sí sola no explica lo que se ve en la clínica. La incidencia de muchas enfermedades autoinmunes, como la diabetes tipo 1, ha aumentado demasiado rápido como para atribuirlo a cambios genéticos; estos transcurren a una escala temporal mucho más lenta. Otro factor que nos dan pistas es que la incidencia en el último siglo se ha disparado, principalmente en países desarrollados. Eso apunta claramente al entorno como desencadenante en individuos susceptibles«, considera Laura Marroquí Esclapez, coordinadora del grupo de experimentación básica en diabetes de la Sociedad Española de Diabetes (SED) y profesora asociada de la Universidad Miguel Hernández de Elche, en Alicante, abriendo así las puertas a otro potencial desencadenante de la DT1.
Sin embargo, la experta matiza que, en la autoinmunidad, el entorno «importa, pero no actúa de forma aislada. Es la combinación de factores, junto con la predisposición genética y el momento de exposición, lo que realmente determina el riesgo. El reto ahora es entender bien los mecanismos para poder intervenir de forma más precisa».
Existen etapas de la vida en las que la exposición ambiental tiene un impacto especialmente decisivo en el desarrollo de autoinmunidad: sobre todo, etapas muy tempranas del desarrollo. El periodo prenatal, el nacimiento y los primeros años de vida «son especialmente sensibles, porque el sistema inmunitario todavía se está formando. Además, en esas etapas son más propensas a producir cambios epigenéticos que van a determinar nuestra vida adulta y la de nuestra descendencia».
Sobre qué factores ambientales -dieta, contaminación o estilo de vida- tienen hoy mayor evidencia como moduladores del sistema inmunitario, Marroquí señala que los mejor respaldados son las infecciones virales, especialmente enterovirus. «La dieta, en gran parte por su impacto en la microbiota, y también la exposición a contaminantes, el estrés o incluso un exceso de higiene pueden ser factores ambientales que contribuyan al desarrollo de la enfermedad, aunque con mecanismos más complejos».
Pronto para prevención ‘medioambiental’
Reconoce, no obstante, que hoy en día no se puede hablar de prevención de enfermedades autoinmunes, como la DT1, a través de cambios en el entorno. «No podemos hablar de una prevención efectiva de la diabetes tipo 1 basada en cambios ambientales. Existen ensayos en población de riesgo, por ejemplo, en individuos con autoanticuerpos, pero los resultados hasta ahora son modestos y no permiten establecer recomendaciones preventivas claras».
El principal problema, a su juicio, es que aún se entiende bien la secuencia causal: «sabemos que factores ambientales, como infecciones, dieta o microbiota, pueden influir, pero no está definido cómo interactúan con la susceptibilidad genética ni en qué momento desencadenan la autoinmunidad». Sostiene que, actualmente, el campo está avanzando hacia una prevención más temprana, centrada en la identificación de individuos en fases preclínicas y en intervenciones dirigidas a modular la respuesta inmune. Todavía no estamos ahí, pero cada avance en la comprensión de estos mecanismos nos acerca a estrategias preventivas más realistas».






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