Enfermedades. Obesidad y sobrepeso
Reducir el estrés de padres y madres, clave para prevenir la obesidad infantil
Reducir el estrés de padres y madres, clave para prevenir la obesidad infantil
Ayudar a padres y madres a gestionar su estrés podría reducir el riesgo de obesidad en sus hijos, según un estudio reciente de la Universidad de Yale
Por María Huidobro González Consumer, 25 de marzo de 2026
La obesidad infantil es un problema de salud pública con múltiples aristas en sus causas y soluciones. La familia integra muchas de ellas, como vimos en el curso 2021-22 en nuestro monográfico dedicado a este tema. Así, en los padres, madres y abuelos recae mucha responsabilidad y de diversas formas. Pero hay un factor de riesgo en el que ha profundizado un estudio reciente publicado en Pediatrics. Te contamos qué dice.
Por mucho que en los centros educativos se hagan comidas saludables y desaparezcan de sus máquinas de vending los productos ultraprocesados, todo ello gracias al decreto de comedores escolares, o que los mismos colegios se vuelquen con actividades para promocionar los hábitos saludables entre los peques o que se legisle para poner fin a la publicidad de productos insanos dirigida a los menores, si no se implica a las familias, cada paso dado para reducir la obesidad infantil caerá en saco roto.
El papel de la familia en la obesidad infantil
Muchos niños, niñas y adolescentes se saltan el desayuno en sus hogares, y ni siquiera hacen comida alguna en el colegio o instituto (el almuerzo, en su mayoría, lo traen de casa). Se han alejado de la dieta mediterránea. Para la mayoría, la actividad física que practican se limita a lo que hacen durante la asignatura de Educación Física o en los patios durante el recreo o tras la comida. De hecho, tres de cada cinco menores no cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En todo ello, los hábitos familiares tienen mucho peso: elección de alimentos y forma de preparación, horarios de comidas, uso de pantallas en ellas, rutinas de ejercicio… Pero en la obesidad de la infancia y adolescencia también influyen la herencia genética y el ejemplo y nivel educativo de los progenitores, además de la (insuficiente) percepción de gravedad del problema que tienen sus hijos. Sus largos horarios laborales y todo lo que ello conlleva, por supuesto, contribuyen.
De hecho, el factor económico es determinante. Los índices de pobreza infantil que registra nuestro país tienen mucho que ver. Los menores de las familias con menos recursos sufren las tasas más altas de obesidad, según los últimos datos. Toman pocas frutas y verduras, pero más bebidas azucaradas. Y es que comer sano resulta caro. Además, pasan más horas de las recomendadas frente a las pantallas e invierten menos tiempo a las actividades extraescolares. Y viven en entornos donde los establecimientos de comida rápida abundan. Es decir, el entorno obesogénico en el que se desenvuelven es muy relevante.
Padres y madres con estrés y obesidad infantil
La situación económica que atraviesa la familia condiciona la crianza de los hijos, ya de por sí estresante para muchos padres y madres. Y eso que el estrés familiar puede ser por múltiples motivos. Pero sí que se ha visto que este malestar emocional se canaliza, entre otras cosas, en decisiones que afectan a los propios hábitos (como guiarse por el hambre emocional) y a los de los peques y, por ende, al desarrollo en ellos de obesidad.
Diversos estudios alertan de esta relación. Que los progenitores sufran niveles más altos de estrés se asocia a un estilo de crianza permisivo, en cuanto a la actividad física o el uso de pantallas de sus hijos. Pero también se vincula con estilos indulgentes y autoritarios, e incurrir en prácticas de alimentación poco saludables. Esto se traduce en restricciones de alimentos (dietas), atracones, presiones para comer y recompensas por hacerlo y consumo de comida rápida o lista para comer, a la vez que una disminución de las comidas familiares y la disponibilidad de productos saludables.
Así que, según las investigaciones, cuando los padres están estresados, son más propensos a depender de la comida rápida y de hábitos alimenticios poco saludables, lo que puede afectar al comportamiento y los hábitos alimenticios de los hijos, y entre ellos, causar obesidad en la infancia y adolescencia. Los estudios hablan de que pueden llegar a tener un IMC un 2 % más alto o que tienen el doble de posibilidades de padecer sobrepeso.
Prevenir la obesidad infantil en el entorno familiar
Para prevenir la obesidad infantil, muchos de los programas de las instituciones se centran en la educación nutricional y la promoción de actividad física. Ahí vemos, por ejemplo, cómo el desarrollo del Plan Estratégico Nacional para la Reducción de la Obesidad Infantil (PENROI) se ha fijado, por ahora, en actuar en los comedores escolares e intentar poner en marcha en los coles el programa Tardes con Plan.
En el ambicioso plan estatal hay seis líneas estratégicas que se deben desarrollar en el entorno familiar (con 63 medidas):
- fomentar la actividad física y el ocio activo en familia.
- promover una alimentación saludable y sostenible.
- fomentar el bienestar emocional y el descanso adecuado.
- mejorar los sistemas públicos de atención y acompañamiento a las familias para apoyar los estilos de vida saludables.
- apoyar a las familias para proteger de manera efectiva a la salud de sus hijos.
- concienciar a las familias sobre la importancia de adquirir estilos de vida saludables.
En ellas se incluyen diversas medidas para fomentar el bienestar emocional de las familias, pero solo una es prioritaria, además de promocionar rutinas saludables de sueño: “implementar programas de parentalidad positiva que incrementen las capacidades de las familias para la adopción de estilos de vida saludables, la promoción del bienestar emocional y el uso saludable de las TRIC, especialmente en hogares que se encuentran en situación de vulnerabilidad”.
👉 Reducir el estrés de padres y madres
En ese sentido, investigadores de la Universidad de Yale (EE. UU.) hacen una propuesta concreta: reducir el estrés parental. Según su estudio publicado recientemente en la revista Pediatrics, ayudar a padres y madres estresados a gestionar su estrés podría reducir el riesgo de obesidad en sus hijos. De hecho, sus autores comprobaron que abordar el estrés parental con una nutrición saludable y actividad física es «eficaz» para prevenir la obesidad infantil en la primera infancia y mejorar las prácticas de crianza positiva y la ingesta de alimentos saludables de los niños.
Junto al fomento de una dieta saludable y el ejercicio, «es la tercera pata del taburete», manifestó la psiquiatra e investigadora principal Rajita Sinha en la presentación del estudio. «Ya sabíamos que el estrés puede ser un gran factor en el desarrollo de la obesidad infantil. La sorpresa fue que cuando los padres manejaban mejor el estrés, su crianza mejoró y el riesgo de obesidad de su hijo pequeño disminuyó», afirmó.
El estudio
Para llegar a esa conclusión, los investigadores realizaron un ensayo aleatorizado de 12 semanas con 114 padres de distintos orígenes étnicos y diferentes niveles socioeconómicos. Todos ellos tenían sobrepeso u obesidad y eran padres de niños y niñas de entre dos y cinco años.
A un grupo de progenitores se le incluyó un programa para reducir el estrés denominado ‘Parenting Mindfully for Health’ (PMH), que se centraba en técnicas de atención plena (mindfulness) y habilidades de autorregulación conductual combinadas con orientación sobre nutrición saludable y actividad física. Y al resto, en una intervención de control que solo recibiera asesoramiento sobre nutrición saludable y actividad física. Ambos grupos se reunían cada semana durante dos horas.
A lo largo de esas 12 semanas se midió el estrés de los padres y madres y el peso de los peques. Además, se registraron conductas parentales positivas como la calidez, la escucha, la paciencia y el afecto positivo de los padres, así como la ingesta de alimentos saludables y poco saludables de los menores.
Pasados esos tres meses, solo se observaron mejoras en los progenitores e hijos del grupo PMH. En concreto, estos padres y madres mostraron menos estrés y una mejor crianza positiva. Por su parte, los niños y niñas disminuyeron la alimentación poco saludable y no experimentaron aumento de peso. En cambio, los padres del otro grupo no registraron mejoras similares y, además, en sus hijos se contabilizaron aumentos de peso significativos de peso, con un riesgo seis veces mayor de pasar a sobrepeso u obesidad.






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