Curiosidades. Historia
El coste de los incendios cada verano
El fuego de cada verano: impacto socioeconómico y medioambiental de los incendios forestales
Publicado en The Conversation el 4 agosto 2026 02:00 CEST
Viene siendo habitual que los veranos se conviertan en crisoles activos de catástrofes naturales en las que intervienen las olas de calor, los incendios y las inundaciones. Centrándonos en los incendios forestales, como los que están afectando de forma virulenta a España y Francia en el verano de 2026, el aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y las olas de calor asociadas al cambio climático están incrementando tanto su frecuencia como su intensidad.
A estos factores medioambientales se suman la despoblación de las zonas rurales, la acumulación de vegetación combustible y determinadas actividades humanas, ya sean accidentales o intencionadas, que hacen que cada año se registren en España miles de incendios forestales, cuyos efectos repercuten tanto en el medio natural como en la economía y la sociedad. No obstante, son muy pocos los que provocan los peores daños: según Greenpeace, el 0,77 % de los incendios de 2025 (65 de más de 8 000) fue responsable del 86 % de la superficie quemada.
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Impacto medioambiental
Los incendios forestales provocan una profunda alteración de los ecosistemas. En primer lugar, destruyen extensas superficies de vegetación, reduciendo la capacidad de los bosques para captar dióxido de carbono (CO₂) y contribuir a la regulación del clima. Además, la combustión libera grandes cantidades de gases de efecto invernadero, reforzando el proceso de cambio climático.
La biodiversidad también resulta gravemente afectada. Numerosas especies animales pierden sus hábitats, zonas de reproducción y fuentes de alimentación. Algunas poblaciones pueden tardar décadas en recuperarse, especialmente cuando los incendios afectan a espacios naturales protegidos o a especies amenazadas.
Otro impacto relevante es la degradación del suelo. Las elevadas temperaturas destruyen la materia orgánica y los microorganismos responsables de mantener la fertilidad del terreno. Posteriormente, la ausencia de cobertura vegetal incrementa el riesgo de erosión y desertificación, especialmente en las zonas mediterráneas, donde las lluvias torrenciales favorecen el arrastre de sedimentos.
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La calidad del aire también se deteriora debido a la emisión de partículas en suspensión y gases contaminantes que afectan a la salud de la población, especialmente a personas mayores, niños y personas con enfermedades respiratorias. Asimismo, las cenizas pueden contaminar ríos, embalses y acuíferos, alterando la calidad del agua y los ecosistemas acuáticos.
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Impacto socioeconómico
La gestión de los incendios forestales cuesta dinero. Las administraciones públicas (nacional, autonómicas y locales) destinan cada año millones de euros a labores de prevención, vigilancia, extinción y restauración ambiental. Estos costes incluyen medios aéreos, brigadas forestales, reconstrucción de infraestructuras y recuperación de espacios naturales.
Leer más: Ocho actuaciones para mejorar la gestión del riesgo de incendio y proteger a la población
El sector agrícola y ganadero también experimenta importantes perjuicios por la pérdida de cultivos, pastos, explotaciones e infraestructuras rurales. Se estima que los fuegos de 2025 quemaron en torno al 9 % de tierras de uso agrícola. Igualmente, la actividad forestal disminuye por la destrucción de recursos madereros y otros productos derivados del bosque.
El turismo es otro de los sectores afectados, especialmente en aquellas regiones donde los espacios naturales constituyen uno de los principales atractivos económicos. La destrucción del paisaje reduce la llegada de visitantes y repercute negativamente en hoteles, restaurantes y pequeños comercios. Solo un dato: los incendios forestales del verano pasado en Asturias hicieron perder cerca del 10 % de las reservas a los alojamientos rurales.
Desde el punto de vista social, los desastres naturales provocan evacuaciones, pérdida de viviendas, daños psicológicos y, en los casos más graves, víctimas mortales.
Y para cerrar el círculo, el abandono progresivo del medio rural favorece la acumulación de combustible vegetal, aumentando el riesgo de nuevos incendios y generando un círculo vicioso entre despoblación y degradación ambiental.
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Medidas para la recuperación
La recuperación de las zonas afectadas requiere actuaciones coordinadas entre las administraciones públicas, los expertos y la población local. En el ámbito socioeconómico, las administraciones deben ofrecer ayudas a las personas afectadas, impulsar la reconstrucción de infraestructuras y promover actividades económicas sostenibles que favorezcan el desarrollo rural.
Sin embargo, la mejor estrategia sigue siendo la prevención. La Ley de Montes establece la obligación de realizar una adecuada gestión forestal mediante la limpieza de montes, la creación de cortafuegos, la planificación del territorio y el desarrollo de campañas de sensibilización ciudadana.
La vigilancia permanente, el uso de tecnologías de detección temprana y la gestión sostenible de los ecosistemas forestales son herramientas fundamentales para reducir el riesgo de incendios forestales.
Mejorar la gestión
Los fuegos en los bosques representan un enorme reto medioambiental y socioeconómico con consecuencias directas en la biodiversidad, los recursos naturales, la economía rural y la calidad de vida de la población a largo plazo.
En un contexto de cambio climático, resulta imprescindible fortalecer las políticas de prevención, mejorar la gestión forestal y desarrollar estrategias de restauración ecológica sostenibles.
Es un dicho popular que los incendios se empiezan a apagar en invierno. No hay que esperar a las olas de calor veraniegas.
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La factura invisible del fuego: el coste económico de los incendios forestales
Publicado en The Conversation el 30 julio 2026 19:09 CEST
En las últimas semanas, buena parte de la geografía española, desde Aragón a Andalucía, pasando por Comunidad Valenciana, Madrid y Castilla y León, se ha visto asolada por incendios forestales.
Los incendios forestales no son un problema nuevo, pero sí creciente. En mayo de 2026, el Gobierno de España presentaba su campaña contra los incendios, donde ya señalaba que “los datos registrados entre el 1 de enero y el 15 de mayo de 2026 muestran una evolución desfavorable, con 127 incendios comunicados frente a los 40 del mismo periodo de 2025, lo que supone un incremento del 218 %”.
En relación con los denominados “grandes incendios”, hasta el 19 de julio de 2026, España registró 21 fuegos que arrasaron un total de 65 753,71 hectáreas. Esta cifra supone más del doble de la superficie quemada en el mismo periodo de 2025, año en el que se habían contabilizado 11 grandes incendios y 29 817 hectáreas afectadas.
Además, España se sitúa a la cabeza de la Unión Europea en número de incendios forestales, con 300 eventos registrados, por delante de Francia, que reporta 275.
No es el objeto de este artículo valorar las causas y agravantes de estos incendios. Los últimos datos aportados por el Ministerio para la Transición Ecológica, de 2016, señalan que ese año el 54,61 % de los incendios fueron intencionados, el 27,57 % se debieron a accidentes y neigligencias y un 10,44 % tuvieron una causa desconocida.
Nos centraremos en las consecuencias de los incendios y, en particular, en los costes asociados.
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¿Cuánto cuesta un incendio?
La mejor pista de cuánto cuesta un incendio no la dan las llamas, sino lo que ocurre después. En Estados Unidos, un estudio en relación con los incendios de California del año 2018 ponía de relieve que “los daños causados por los incendios forestales en 2018 ascendieron a 148 500 millones de dólares, aproximadamente el 1,5 % del producto interno bruto anual de California, con pérdidas de capital por valor de 27 700 millones de dólares (19 %), costes sanitarios por valor de 32 200 millones de dólares (22 %) y pérdidas indirectas por valor de 88 600 millones de dólares (59 %)”.
Una investigación similar estimó que “las regiones del sur de Europa golpeadas por grandes incendios pierden entre un 0,11 % y un 0,18 % de su crecimiento anual del PIB. El empleo en transporte, alojamiento y restauración –el turismo– cae entre un 0,09 % y un 0,15 %”.
No cabe duda de que es algo prematuro intentar realizar una valoración económica de los incendios forestales que han ocurrido este año en España, pero haremos un pequeño ejercicio basado en los costes de oportunidad.
Un coste de oportunidad se define como aquello a lo que se renuncia como consecuencia de una acción o decisión. Pensemos ahora en un pequeño pueblo de cualquiera de las regiones afectadas. Durante los meses de invierno la población es de 600 habitantes, pero durante el verano en algunos momentos se llega incluso a cuadriplicar esta cifra. Un paisaje ennegrecido y una evacuación en plena temporada alta golpean justo donde más duele. A ello se suma el campo: cosechas paradas y ganado muerto o incomunicado. Son ingresos que no vuelven cuando el humo se disipa. Por tanto, un incendio deja así dos huellas: una inmediata, la de apagarlo, y otra persistente, la de recuperar lo perdido.






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