Curiosidades. Historia
De la peste negra a la NASA: así busca la humanidad su cura
Museo de la Farmacia de Santa Catarina
De la peste negra a la NASA: así busca la humanidad su cura
El director del Museo de la Farmacia de Lisboa, João Neto, nos lleva de viaje por más de 5.000 años de historia de la salud. Atrae a turistas, estudiantes de Farmacia, Medicina…
En el Museo de Farmacia de Lisboa se han reconstituido auténticas farmacias portuguesas, desde la antigua botica del siglo XVIII hasta la farmacia liberal de principios del siglo XX.
Carmen Torrente Villacampa Lisboa, Publicado en Diario Médico el Dom, 16/08/2026 – 08:00
https://www.diariomedico.com/farmacia/profesion/peste-negra-nasa-asi-busca-humanidad-cura.html
Un turista despistado se sienta en una terraza de Lisboa, a lo alto, en un mirador con vistas al río Tajo. En la carta lee cócteles como Ibuprofeno, Morfina, LSD u Omeprazol. No, no es una terraza al uso. Es la terraza del Museo de Farmacia de Santa Catarina, en Lisboa, inaugurado en 1986 y con más de 5.000 años de historia de la salud entre sus muros. En Portugal existe también el Museo de la Farmacia de Oporto, que es posterior, de 2015.
Una de las mesas que podemos encontrar en la terraza del Museo de la Farmacia de Lisboa.
El Museo de la Farmacia de Lisboa, que es también la sede de la Asociación Nacional de Farmacias (ANF), no solo atrae a turistas, sino también a estudiantes de Farmacia y Medicina.
No en vano, una de las perlas que alberga este edificio es el Manuscrito del Canon de Avicena (Abu Ali Ibn Sina), médico y farmacéutico árabe, del siglo XI.
‘Manuscrito del Canon’de Avicena (Abu Ali ibn Sina), médico y farmacéutico árabe.
Además, la parte dedicada a Mesopotamia cuenta con «una de las prescripciones médicas más antiguas del mundo», destacando la tabla de Nippur, del III milenio antes de Cristo, como el registro medicinal más antiguo con recetas escritas. También se conservan tablas cuneiformes de la antigua Babilonia, del siglo II antes de Cristo, con la descripción de las propiedades medicinales de cerveza. Algunos ya tienen la excusa perfecta para beberla.
Sin embargo, la pieza más importante de toda la colección es una cápsula original con penicilina y un cultivo, que pertenecieron al mismísimo Alexander Fleming, y tiene una inscripción autografiada en tinta roja por él. En el objeto histórico se pueden observar anotaciones personales hechas por el propio científico británico.
Cultivo original de penicilina, de Alexander Fleming, la pieza más valiosa del Museo de la Farmacia de Lisboa.
«Los alumnos de primer año de Medicina vienen todos aquí. La salud es un todo», señala a este medio João Neto, licenciado en Historia, que dirige este Museo desde hace más de dos décadas y demuestra su sabiduría en la visita guiada que ha realizado para este medio. Destaca que no es farmacéutico como tal (aunnue habla como si lo fuera), pero sí «farmacéutico honorario, con medalla de oro del Colegio de Farmacéuticos de Portugal».
La pieza más importante es una cápsula original con penicilina y un cultivo, que pertenecieron a Alexander Fleming
Le conocen como «el Indiana Jones de la farmacia», porque no duda en recorrerse el mundo para conseguir las piezas más codiciadas (como una de las farmacias chinas más antiguas de Macao): algunas son compradas y otras donadas (las del principio), pero todo es auténtico: «Aquí no hay copias. Todas las piezas son originales», subraya, al tiempo que elogia el museo existente en la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid (UCM): el Museo de la Farmacia Hispana.
Con Joao Neto, director del Museo de la Farmacia de Lisboa.
Neto es claro: «Ninguna pieza del Museo está aquí por casualidad. Todas tienen una historia», historia en la que también hay farmacias portátiles. Y comienza el viaje de la medicina, ligada a los chamanes, los fetiches y la naturaleza, «con los primeros morteros para pulverizar y facilitar la entrada de sustancias medicamentosas. Las mandíbulas de antes no eran como las de ahora. Todo comienza aquí». Es la medicina primitiva.
VIH, NASA, peste negra…
El Museo también destaca la labor pionera de la farmacéutica portuguesa Odette Ferreira, catadrática de Farmacia en Lisboa, quien lideró el equipo que logró aislar e identificar el virus VIH-2 en 1985. Asimismo, es «el único museo con piezas donadas por la Nasa, como un botiquín», que incluye los kits de medicamentos que viajaron al espacio a bordo del transbordador espacial Space Shuttle Endeavour en diciembre de 2001. Forma parte de una sección especial sobre medicina en ambientes extremos. También hay un botiquín de Naciones Unidas, donado por su secretario general, Antonio Guterres.
El Museo de la Farmacia de Lisboa es el único con un botiquín de la NASA.
No hay que olvidar enfermedades como la peste negra, en el siglo XIV. De hecho, el museo exhibe un icónico traje de médico como símbolo de la lucha contra esta pandemia que devastó Europa: «Entonces se empieza a profesionalizar la ciencia. Todas las farmacias deben estar en todos los pueblos, para combatir la enfermedad casa a casa, calle a calle». Atención farmacéutica a domicilio pura y dura.
Traje de médico de la peste negra.
Hay igualmente piezas relacionadas con el mundo bélico y militar, como botiquines empleados en la Segunda Guerra Mundial, arena del campo de batalla…
La historia de la sexualidad
La sexualidad también está presente a través de piezas del Museo de la Farmacia. Hay comprimidos de ungüento egipcios, amuletos romanos, cinturones de castidad (tanto para hombres como mujeres), vibradores medicinales y preservativos, «que nos permiten abordar la seducción, la protección, la salud, el castigo y otras historias».
Las momificaciones, por farmacéuticos
Este Museo alberga también el sarcófago egipcio más antiguo de Portugal, ya que los farmacéuticos eran los encargados de hacer las momificaciones «para garantizar las salud de las personas que se creían viajaban al paraíso». Y se pregunta: «¿Por qué una persona muerta en un museo de ciencia y de vida? Cuando en una farmacia hacemos un medicamento e informamos, queremos prolongar la vida de las personas. Nuestra responsabilidad es dar un poco de inmortalidad».
Además, «los egipcios llevaban los ojos pintados con eyeliner para protegerlos de los ojos del sol, de las impurezas del aire, evitando conjuntivitis. También creían que protegían de los males de ojo y las mujeres empleaban los colores azul y verde, que eran como escudos protectores», comenta. Otro procedimiento sanitario empleado era la depilación total, para combatir los parásitos, o llevaban cabellos muy cortos, por lo que llevaban pelucas.
Origen de los prospectos
Además, en la antigua Grecia el farmacéutico ya es consciente de la importancia de las dosis de los medicamentos: «Ya sabemos las cantidades ciertas. La información debe ser precisa. Y comienzan las indicaciones de uso en los envases», con forma de la parte del cuerpo a la que fuera destianda (pie, piernas, cabeza…). Son el origen de los prospectos. También comienzan las preocupaciones sobre temas de salud pública, como el juego: «Evitar el juego salva vidas».
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Llegamos al mundo árabe: «La ciencia química en la era islámica fue muy fuerte. Por eso la cerámica pasa a ser vidriada, para conservar mejor las sustancias químicas; los morteros, más fuertes, de hierro o cobre».
Marketing farmacéutico
El Museo tiene un cocodrilo, porque en el siglo XVIII se vendía un medicamento realizado con este animal, aunque solo se llegó a utilizar en el antiguo Egipto: «En Lisboa no había ningún cocodrilo. Era marketing farmacéutico: ver para creer. Había que dar algo más al ciudadano. En España pasaba lo mismo», explica Neto. «Por eso en el museo hay también un cuerno de unicornio», para explicar esta fusión de ciencia, creencias y religión.
Neto asegura que «el Museo de la Farmacia es un proyecto de marketing profesional. Muestra que a lo largo de la historia los farmacéuticos velaron siempre por la salud de las personas. No venden medicamentos, sino que son científicos del medicamento«.
«La irrupción de la máquina registradora es la peor cosa de la farmacia» (João Neto)
De ahí, asegura, que la irrupción de la máquina registradora (presente en algunas farmacias antiguas portuguesas del Museo) fuera, a su juicio, «la peor cosa de la farmacia. El sonido significa dinero. ¿Te imaginas dar dinero a un médico? Los médicos siempre tienen a otra persona para cobrar. Desde este momento, finales del siglo XIX, los farmacéuticos son más vistos como comerciantes que como científicos», asegura, para ejemplificar el contraste.
En el siglo XIX surge una nueva configuración de la farmacia: ya no pueden elaborarse los medicamentos de cara al público. Surge el laboratorio como una de las salas de ciencia de la farmacia.






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