Alimentación y Nutrición
¿Cuál es el mejor pescado de cada temporada?
Calendario de pesca sostenible: cuál es el mejor pescado de temporada y cómo elegirlo bien
Consumir el pescado de temporada y asegurarse de que proceda de la pesca sostenible es clave para el cuidado medioambiental. Te contamos cómo reconocerlo al hacer la compra
Por Marine Stewardship Council (MSC) 21 de febrero de 2026
Si te gusta comer pescado, probablemente te hayas visto alguna vez delante del mostrador pensando: “¿Y ahora cuál elijo para no cargarme el mar?”. A muchos nos pasa. Queremos seguir disfrutando del pescado, pero también nos preocupa que lo que ponemos en el plato tenga sentido para el océano, para quienes lo pescan y para nuestro bolsillo. Planificar un poco qué compramos y cuándo lo hacemos no es una manía de gente muy concienciada: puede marcar una diferencia real en la salud del mar y, de paso, en la calidad de lo que acaba en el plato.
Los peces, igual que nosotros, tienen sus momentos del año mejores y peores. Hay épocas en las que se están reproduciendo, otras en las que migran y otras en las que, sencillamente, están más sabrosos. Cuando respetamos esos ritmos no solo les damos un respiro en momentos clave, también lo notamos en casa, ya que el pescado tiene mejor textura, más sabor y, a menudo, un precio más razonable. Es un trato bastante justo: tú eliges bien el momento, y el mar te devuelve producto de más calidad.
Qué pescado elegir según la temporada
🔷 Bacalao: invierno y primavera
Durante los meses más fríos, entre enero y marzo o abril, el bacalao fresco suele estar en uno de sus mejores momentos. Su carne se nota firme, jugosa y con un sabor muy equilibrado, idónea tanto para platos de cuchara como para recetas más sencillas de diario. Es el típico pescado que, cuando está en su punto de temporada, casi se cocina “solo”.
Fuera de esos meses, no hace falta renunciar al bacalao. Las versiones de toda la vida (salado, desalado o en punto de sal) permiten seguir disfrutándolo sin presionar tanto a las poblaciones naturales. Muchos hogares, de hecho, lo consumen así todo el año, y bien trabajado sigue siendo una opción estupenda para guisos, hornos y platos tradicionales.
🔷 Anchoa del Cantábrico: primavera y verano
La anchoa del Cantábrico es uno de esos pescados que te recuerdan que el mar también tiene calendario. Entre la primavera y el verano alcanza una proporción de grasa y una textura que la hacen especialmente sabrosa, tanto para comerla fresca como para elaborar esas conservas artesanas que luego valoramos tanto el resto del año. Es el momento en que ir a la pescadería y ver anchoa fresca supone casi una invitación a llevártela. En temporada se disfruta de muchas maneras: a la plancha, en vinagre, en salazón, en pinchos… Y, además, suele tener mejor relación calidad-precio.
Cuando pasan esos meses, lo más habitual es recurrir a las conservas de buena calidad, que mantienen bastante bien su sabor y permiten seguir disfrutándola sin forzar su captura fuera de su mejor época.
🔷 Bonito del norte: de la primavera al otoño
Desde finales de la primavera hasta que empieza a notarse el frío, el bonito del norte recorre el Cantábrico y marca la famosa “costera”. Para mucha gente del norte, consiste en el ritual del año: empiezan a aparecer los primeros bonitos en las lonjas y en las pescaderías, y se dispara la temporada de marmitakos, lomos a la plancha y conservas caseras. El bonito del norte es un pescado muy ligado a la pesca tradicional y al territorio, con un componente cultural importante.
Una vez que termina ese periodo, lo normal es encontrarlo sobre todo en conserva. Si eliges conservas de calidad, el sabor sigue siendo muy agradecido y el aporte nutricional, muy interesante. Además, este formato permite que la presión sobre la especie se concentre en los meses adecuados, mientras el resto del año la disfrutamos en tarro o lata, sin forzar su presencia fresca cuando no toca.
Opciones sostenibles durante todo el año
🔶 Conservas
Las conservas de sardinas, atún claro o bonito del norte son una especie de “fondo de armario” de la despensa. Permiten seguir comiendo pescado todo el año sin depender tanto de la temporada específica de cada especie. Son prácticas, seguras y muy versátiles. Lo mismo valen para una ensalada rápida que para un guiso improvisado o un bocadillo decente cuando llegas tarde a casa.
Además, elegir bien las conservas (fijándose en el origen, el tipo de aceite, el tipo de pesca y, cuando se pueda, en los sellos de sostenibilidad) es una forma sencilla de apoyar prácticas pesqueras más responsables. Es un gesto pequeño, pero que repetido cada vez que haces la compra suma más de lo que parece.
🔶 Pescado congelado
El pescado congelado puede ser un gran aliado cuando una especie no está en temporada o cuando no tienes fácil acceso a pescado fresco de calidad. La ultracongelación en origen, cuando se hace bien, ayuda a conservar sabor y textura, y evita que toneladas de pescado se desperdicien por problemas de logística o de tiempo. Constituye una buena forma de tener siempre algo de pescado a mano sin depender de lo que haya ese día en el mostrador.
Para muchas familias, tener una buena variedad de congelado en casa (merluza, pescadilla, filetes de pescado blanco, etc.) hace más fácil planificar menús sin improvisar a última hora. Y si además eliges especies menos presionadas y orígenes responsables, sumas otro punto a la sostenibilidad de tu cesta de la compra.
Cómo saber si un pescado es sostenible
Una duda muy habitual al comprar pescado es de dónde viene realmente y si se ha capturado de forma sostenible. No siempre resulta fácil orientarse solo con la etiqueta, pero existen sellos de certificación independientes que ayudan bastante.
Por ejemplo, el de Marine Stewardship Council (MSC) con su Sello Azul, una organización sin ánimo de lucro, que trabaja por la pesca sostenible en todo el planeta. Estos distintivos indican que el producto cumple ciertos criterios: poblaciones en buen estado, impacto ambiental controlado y una gestión basada en datos científicos, entre otros.
Ver este tipo de sellos en productos frescos, congelados o en conserva es una pista útil para el consumidor que no quiere hacer un máster en gestión pesquera, pero sí desea elegir un poco mejor. No solucionan todo, pero son una referencia clara para apoyar prácticas más respetuosas con el mar y premiar a quienes se esfuerzan en pescar de forma responsable.
Planificar para cuidar el mar (y comer mejor)
Al final, no se trata de volverse experto en biología marina ni de renunciar al pescado para siempre. Se trata de ir haciendo pequeños cambios: mirar qué está de temporada, apostar por una buena conserva o un congelado de calidad cuando corresponde y fijarse en una certificación que nos dé confianza. Con eso ya estamos ayudando bastante más de lo que parece.
Cuando entendemos de dónde viene lo que comemos y en qué momento del año es mejor consumirlo, tomar decisiones en la pescadería o en el supermercado se vuelve más fácil y menos culpable. Y el resultado es doblemente positivo, porque contribuimos a que los océanos se mantengan más sanos y, al mismo tiempo, disfrutamos de productos mejores, con más sabor y con una historia detrás que tiene más sentido.






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