Manipulación de alimentos
Bajo la lupa: productos para combatir el cansancio y la fatiga
Bajo la lupa: productos para combatir el cansancio y la fatiga
Cada vez hay más alimentos que prometen devolvernos la energía perdida. Pero ¿qué hay realmente detrás de estas alegaciones? Analizamos las etiquetas de cuatro de ellos
Por Beatriz Robles Martínez, Consumer 9 de junio de 2026
El cansancio se ha convertido en una constante en nuestra sociedad. Jornadas laborales largas, ritmos de vida acelerados, falta de descanso y una hiperconectividad casi permanente configuran un contexto en el que la fatiga deja de ser algo puntual para formar parte del día a día. En este escenario, no sorprende la proliferación de productos que prometen aliviar ese agotamiento cotidiano. Son mensajes que conectan con una necesidad real y que, por eso, resultan especialmente atractivos para las personas consumidoras.
Qué hay detrás del mensaje
Estas promesas están sujetas a un marco normativo que determina qué nutrientes pueden asociarse a la reducción del cansancio y la fatiga, y en qué condiciones.
En la práctica, el beneficio destacado en los envases no siempre está relacionado con los ingredientes más visibles del producto, sino que, a menudo, se refiere a micronutrientes (generalmente vitaminas o minerales) que, en muchos casos, se incorporan durante la elaboración. Además, para que estas alegaciones sean válidas, es clave la cantidad consumida y la ración considerada.
Estos matices, que a menudo pasan desapercibidos, condicionan de forma decisiva el interés nutricional real del producto. Por eso analizamos con detalle cuatro ejemplos que utilizan este tipo de mensajes.
Super smoothie energía frutos rojos, de Innocent
Un reclamo añadido
En esta bebida, la alegación de reducción del cansancio y la fatiga se basa en su contenido en vitamina C y niacina (B3). Aunque estas vitaminas están presentes de forma natural en algunos ingredientes —como la fresa, la cereza o la manzana—, también se incorporan como ingredientes para garantizar que se alcancen las cantidades necesarias para poder realizar la declaración.
💡 Con 20 g de kiwi (un tercio de una pieza) o 12 g de cacahuetes (24 unidades) tenemos suficiente vitamina C y niacina respectivamente para obtener este beneficio.
Algo más que vitaminas
De los ingredientes destacados en esta bebida, solo la manzana aparece en una proporción significativa y representa el 50 % del producto. El resto aparece en cantidades mucho menores: dos fresas (10 %), dos cerezas (3,3 %) y apenas un 0,01 % de infusión de guaraná.
Pero esta bebida no contiene únicamente frutas y vitaminas. Una sola botella de 300 ml supera la ingesta máxima diaria de azúcares libres recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), fijada en 25 g. Aunque estos azúcares proceden de la fruta, al estar triturada se absorben rápidamente, de manera similar a los azúcares añadidos, por lo que conviene tenerlo en cuenta.
Magnesio y ácido fólico
En este lácteo, la alegación se basa en su contenido en magnesio y vitamina B9 (ácido fólico). Aunque estos nutrientes están presentes de forma natural en la leche —su ingrediente principal—, las cantidades no alcanzan el nivel exigido por la normativa, por lo que también se añaden durante el proceso de fabricación.
💡 Sin embargo, estos nutrientes pueden obtenerse fácilmente a partir de alimentos habituales. Por ejemplo, una pequeña ración de alubias blancas cocidas (10 g) o un trozo de col rizada (20 g) aportan suficiente ácido fólico. Del mismo modo, un puñado de pipas de girasol (14 g) o unas 15 almendras (22 g) cubren el aporte necesario de magnesio para poder asociarlo a este beneficio.
El café suele asociarse a una mayor activación física y a un mejor rendimiento intelectual. Sin embargo, la cafeína no tiene nada que ver con la promesa de “reducir el cansancio y la fatiga” que aparece en este café soluble, ni con la idea de vitalidad que sugiere su nombre comercial.
El responsable de esa declaración es el magnesio. Aunque el café contiene de forma natural pequeñas cantidades de este mineral, estas son insuficientes para cumplir los requisitos legales, por lo que se añade durante la elaboración.
Aun así, si el producto se prepara solo con agua, la cantidad total de magnesio sigue sin alcanzar el mínimo exigido. La clave está en cómo se consume el producto. La ley obliga a evaluarlo tal y como indica el fabricante. En este caso, solo al prepararlo con 200 ml de leche —como indica el fabricante— se alcanza la cantidad mínima de magnesio necesaria para poder hacer esta alegación. De los 56,3 mg requeridos, 31,5 mg proceden del café y unos 25 mg, de la leche semidesnatada.
El truco de la ración única: hay que beber un litro
Aunque pueda parecerlo, este producto no se considera agua mineral natural, sino una bebida refrescante. La razón es que la normativa exige que las aguas minerales conserven su composición original, algo que deja de cumplirse al añadir magnesio. Este añadido es precisamente el que permite realizar la alegación sobre la reducción del cansancio y la fatiga.
Para ello, la legislación exige que el producto aporte al menos 28,13 mg por cada 100 ml (el 7,5 % de los Valores de Referencia de Nutrientes). Sin embargo, esta bebida no alcanza esa cantidad, ya que solo contiene 6,48 mg/100 ml. ¿Cómo puede entonces incluir la declaración?
El fabricante se acoge a una excepción: se puede incluir si el alimento aporta al menos el 15 % de los valores de referencia del nutriente por cada ración (en lugar de tomar como referencia los 100 ml), pero solo en los casos en los que el envase contenga una sola ración. El fabricante indica que la botella de un litro equivale a una ración —como no hay una definición legal de este término, puede hacerlo—, por lo que el contenido total de magnesio alcanza legalmente el mínimo exigido.
Antes de comprar
Para valorar este tipo de productos de manera crítica, conviene tener en cuenta algunos aspectos clave:
- 1. Identifica el nutriente responsable. Si el mensaje habla de “vitalidad” o “energía”, comprueba si se basa en vitaminas del grupo B, vitamina C o magnesio, y no en ingredientes como la cafeína o la fruta.
- 2. Revisa cómo se alcanza la cantidad. En algunos casos, el beneficio solo se consigue al preparar el producto de una forma concreta —por ejemplo, añadiendo leche— o consumiendo grandes cantidades.
- 3. Ponlo en contexto. Pequeñas raciones de frutos secos, legumbres o verduras pueden aportar esos nutrientes sin recurrir a productos enriquecidos, que suelen ser más caros.
- 4. Mira más allá del mensaje principal. Antes de decidir, conviene tener en cuenta otros aspectos, como el contenido en azúcares libres, la proporción real de ingredientes (fruta) o su grado de procesamiento.






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