Alimentación y Nutrición
Déficit de vitamina D en menores con obesidad, un problema al alza
Déficit de vitamina D en menores con obesidad, un problema al alza
La deficiencia de vitamina D en la infancia es un efecto del exceso de grasa corporal y del estilo de vida asociado a la obesidad, caracterizado por el sedentarismo y la alimentación insana
Por María Huidobro González 23 de enero de 2026
La vitamina D es esencial para la salud de los huesos y músculos, por lo que resulta vital para el crecimiento de los menores. Pero hay muchos niños, niñas y adolescentes que presentan déficit de esta vitamina, como nos sucede a los adultos. Esta carencia se agrava en invierno alcanzando a más de la mitad de la población pediátrica y se observa aún más en los menores con exceso de peso. En nuestro país, donde la obesidad infantil sigue siendo un gran problema de salud pública, esta hipovitaminosis se antoja preocupante. A continuación, explicamos las causas y repercusiones de esta deficiencia en la infancia con obesidad y qué estrategias existen para evitarla.
Vitamina D en la infancia: qué aporta y cómo se obtiene
La vitamina D es fundamental para el buen funcionamiento del organismo. Y en los primeros años de vida, constituye un nutriente esencial para el correcto crecimiento infantil.
Por un lado, esta vitamina permite que el intestino absorba mejor el calcio y el fósforo, lo que resulta clave para el desarrollo del esqueleto y los dientes. Gracias a que contribuye a la mineralización ósea, se evitan problemas como la osteomalacia (huesos blandos) y el raquitismo en los peques. Además, la vitamina D participa en la función muscular: favorece el desarrollo y crecimiento de los músculos, mejora su fuerza y contribuye a su recuperación.
Y, como añade el doctor Valero Sebastián Barberán, miembro del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría (AEP), este nutriente “se relaciona con el metabolismo de la glucosa y de las grasas, de manera que puede influir en el riesgo de alteraciones cardiometabólicas”.
Los menores tienen como fuente principal de vitamina D la que genera la propia piel a través de la luz, especialmente por la radiación ultravioleta B (UVB). En cambio, la dieta contribuye en menor medida: se obtiene a través de la ingesta de pescados azules (salmón, sardinas, caballa, atún), huevos, lácteos y otros alimentos enriquecidos, así como algunos aceites.
Falta de vitamina D en los menores con obesidad
A pesar de vivir en un país con uno de los mayores promedios de días soleados de Europa y del mundo, una proporción importante de los niños y niñas en España presenta niveles de vitamina D insuficientes (entre 12 y 20 ng/ml) o deficitarios (menos de 12 ng/ml).
Si bien la prevalencia está poco documentada y los datos son difíciles de comparar por las diferencias geográficas, este estudio multicéntrico con escolares de A Coruña, Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia arroja algo de luz: en 2015 un 47,1 % de los peques estaba en rango de hipovitaminosis y el 35 % tenía deficiencia de la vitamina D.
Pero los expertos alertan de que este problema —que algunos califican de “epidemia” mundial— es también efecto de otra gran epidemia, la de la obesidad infantil; de ahí que también al concurrir ambas se hable de una “doble carga o tormenta perfecta”, tal y como reconoce el pediatra consultado. Y es que cada vez hay más investigaciones que observan que los niños y niñas con sobrepeso u obesidad tienden a contar con unos niveles inferiores de vitamina D. Se calcula que una disminución del 5 % por cada aumento en 1 % del IMC (índice de masa corporal).
Por qué los niños con obesidad tienen déficit de vitamina D
¿Y esto por qué ocurre? Algunas de las causas de este fenómeno en los menores con obesidad son comunes a las de otros chicos y chicas con normopeso:
- Se exponen menos al sol, principal fuente natural de vitamina D: gran parte del día permanecen en interiores (colegio, casa) y juegan menos al aire libre, prefiriendo el ocio con pantallas.
- Cuando se exponen al sol, suelen llevar ropa que cubre buena parte del cuerpo y usan “de forma muy estricta fotoprotectores que bloquean casi por completo la radiación necesaria para sintetizar vitamina D en la piel”, comenta el especialista.
- Su dieta habitual incluye poco pescado azul (1.200 comedores escolares no tenían pescado en sus menús) y no siempre incorpora alimentos ricos en vitamina D, “por lo que el aporte por vía alimentaria es limitado”, apunta el doctor Sebastián Barberán.
Pero además de que muchos niños y niñas con obesidad realizan menos actividad física y con frecuencia siguen patrones de alimentación de peor calidad, hay una razón clave para el experto: “La vitamina D es liposoluble y tiende a acumularse en el tejido adiposo, lo que reduce su concentración circulante en sangre”. Y, por tanto, al quedar como “secuestrada” en ese tejido graso y no distribuirse adecuadamente por la sangre, este nutriente no queda disponible para el resto del organismo. “La combinación de más grasa corporal, menos sol y dieta menos saludable crea el escenario perfecto para que el déficit sea más frecuente”, explica el pediatra.
Deficiencia de vitamina D, un efecto de la obesidad infantil con consecuencias
De esta manera, el déficit de vitamina D en la infancia se convierte en un efecto del exceso de grasa corporal y del estilo de vida asociado a la obesidad (sedentarismo y alimentación poco saludable).
Sin embargo, esta carencia en los menores con obesidad “no es un simple marcador —advierte Valero Sebastián Barberán—. Se considera un factor que empeora el perfil metabólico de la obesidad”. Y es que niveles bajos de vitamina D se relacionan con mayor resistencia a la insulina, alteraciones del perfil lipídico, incremento de la grasa visceral y aumento de la inflamación, por lo que pueden agravar las complicaciones metabólicas del sobrepeso, igual que ocurre con el hígado graso o la hipertensión.
Además, se produce una disminución de la leptina, la enzima renal responsable de la forma activa de la vitamina D. “A largo plazo, esto podría traducirse en mayor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular en la edad adulta”, añade el experto.
Por otro lado, el déficit de esta vitamina se asocia con un mayor riesgo de infecciones respiratorias, asma y enfermedades autoinmunes.
Síntomas de la hipovitaminosis D en niños con obesidad
A diferencia de otras enfermedades, la carencia de vitamina D suele pasar inadvertida. En muchos casos, el déficit leve o moderado no da síntomas claros y se detecta porque el menor pertenece a un grupo de riesgo, como es el de sufrir obesidad, al medirle la 25-hidroxivitamina D en sangre.
Sin embargo, antes de llegar a este análisis, conviene fijarse en estos síntomas que alertan de la hipovitaminosis D en niños:
- cansancio o debilidad muscular.
- dolor en piernas o espalda.
- retraso en empezar a andar.
- retraso de crecimiento.
- deformidades en las piernas (arqueadas) o en el tórax.
- erupción dental tardía o caries frecuentes.
- fracturas que ocurren con golpes relativamente banales.
Tratamiento y prevención del déficit de vitamina D en menores con obesidad
Tanto en el tratamiento como en la prevención de la hipovitaminosis D, las fórmulas son similares y se reducen, principalmente, a una recomendación: adoptar hábitos saludables. Para ello, se aconseja seguir una alimentación variada que incluya con frecuencia alimentos ricos o enriquecidos en vitamina D (pescado azul, huevos, lácteos…), además de llevar un estilo de vida activo y al aire libre que fomente una exposición solar moderada y segura, por ejemplo, promoviendo juego diario al aire libre en horarios de menor riesgo y con unos minutos de piel descubierta antes de aplicar el fotoprotector.
👉 Tratamiento
Según detallan desde el Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría (AEP), el tratamiento se centra en corregir el déficit alimentario y cambiar el entorno que lo favorece. Además, habitualmente se utilizan suplementos de vitamina D por vía oral en dosis adecuadas a la edad y al grado de deficiencia durante unas semanas o meses, seguidos de una dosis de mantenimiento para evitar recaídas.
En los niños con obesidad, la pérdida de peso forma parte del abordaje global. Esta medida puede contribuir a mejorar los niveles, pero por sí sola no suele ser suficiente cuando ya existe hipovitaminosis. Así que también se mantiene la suplementación bajo control pediátrico.
👉 Cómo prevenir
La prevención comienza con un estilo de vida activo y al aire libre y sigue con una alimentación variada y el respeto de las recomendaciones de suplementación en lactantes y otros grupos de riesgo que marcan las guías pediátricas.
En el caso de los menores con obesidad, Valero Sebastián Barberán concluye que conviene integrar la prevención y el control de la vitamina D en el plan general de seguimiento, al igual que se controlan la presión arterial, la glucosa o el colesterol.






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