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El difícil camino al quirófano de las personas con obesidad extrema
El difícil camino al quirófano de las personas con obesidad extrema
Las personas con obesidad extrema se someten cada vez a menos intervenciones quirúrgicas, según un estudio estadounidense. La causa: una combinación de factores.
María Sánchez-Monge Madrid actualizado Jue, 23/07/2026 – 08:00
La obesidad mórbida o grave (IMC entre 40 y 50 Kg/m2) afecta al 4,5% de los hombres y el 5,3% de las mujeres en España, según el estudio ENE-COVID. La atención quirúrgica que reciben estas personas es diferente por diversos motivos. La discriminación y el estigma, que se suelen designar mediante el término gordofobia, pueden jugar un papel importante en determinados casos, al igual que en el resto de ámbitos sociales. Pero hay otros factores en juego y los motivos médicos son fundamentales.
Un estudio publicado recientemente en Obesity pone de manifiesto la creciente desigualdad en el acceso a la cirugía en las personas con obesidad extrema en Estados Unidos, precisamente en un momento en el que las cifras de superobesidad se han disparado. Según los resultados del análisis, intervenciones comunes como las dirigidas a implantar prótesis de rodilla o cadera, cirugías de hernia y operaciones de mama, próstata y colon se llevan a cabo en menor medida en quienes presentan un IMC muy elevado.
Los autores del trabajo, del Centro de Investigación Biomédica Pennington de la Universidad Estatal de Luisiana, evaluaron más de 11,6 millones de casos quirúrgicos del Programa Nacional de Mejora de la Calidad Quirúrgica (NSQIP) del Colegio Estadounidense de Cirujanos entre 2005 y 2022.
Los análisis estadísticos muestran una disminución en la probabilidad de que los pacientes con un IMC igual o superior a 50 se sometieran a cirugía a lo largo del periodo de estudio, observándose los mayores descensos en los grupos con un IMC más elevado. Por el contrario, los pacientes con un IMC entre 30 y 40 presentaron un aumento en las tasas de intervenciones quirúrgicas.
Barreras en la atención médica
«A pesar del aumento del número de personas con un IMC elevado, a estas personas se les somete a menos intervenciones quirúrgicas al año», concluyen los investigadores. «Estos hallazgos ponen de manifiesto la necesidad crítica de comprender las desigualdades existentes, agravadas por la creciente prevalencia de la obesidad, que podría estar contribuyendo tanto a un acceso deficiente a la atención quirúrgica como a una mayor morbimortalidad derivada de una presentación clínica con enfermedad más avanzada».
«La obesidad grave no debería impedir que una persona reciba la atención quirúrgica que necesita, ya sea una cirugía de vesícula biliar, de hernia o de hemorroides, por ejemplo», señala Philip Schauer, investigador del Centro de Investigación Biomédica Pennington y uno de los autores del trabajo.
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Los resultados expuestos podrían reflejar, según los científicos, múltiples barreras en la atención médica a las personas con obesidad mórbida y extrema, entre las que citan la mayor complejidad quirúrgica, el riesgo perioperatorio, el diagnóstico tardío y un deficiente acceso a la atención preventiva.
El estudio también analizó las tendencias en las distintas especialidades quirúrgicas, entre ellas cirugía general, ginecología, cirugía cardíaca y cirugía torácica. La disminución de la actividad quirúrgica entre los grupos con mayor IMC fue más pronunciada en cirugía general y en procedimientos abdominales.
Situación en España
Estos resultados no son directamente extrapolables a España porque la situación es distinta. Los grupos de población en los que más se ha reducido el número de intervenciones quirúrgicas de causa general en Estados Unidos son los que incluyen a personas con un IMC superior a 50 e incluso más allá de 60. El colectivo de pacientes con obesidad extrema es mucho menos numeroso en España, al menos de momento.
Tal y como expresa en declaraciones a DM Eduardo María Targarona, miembro del Grupo de Endoscopia Bariátrica y Metabólica de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) «los resultados de este estudio indican que se realizan menos intervenciones en un subgrupo de pacientes muy específico: aquellos con IMC > 50». En cambio, se mantienen «porcentajes similares de intervenciones en pacientes con obesidad mórbida e IMC más bajos (30-50), con un incremento en los casos con IMC de 30-39 y cifras similares en los casos con IMC de 40-49″. Targarona, que también es el jefe del Servicio de Cirugía Bariátrica y Metabólica de la Unidad de Obesidad de la Clínica ServiDigest de Barcelona, subraya la importancia de diferenciar bien los distintos grados de obesidad: «Cuando hablamos de obesidad, es necesario precisar muy bien el grado, ya que en cualquier situación clínica en pacientes con IMC > 50 (superobesidad) o IMC > 60 (supersuperobesidad), la importancia de todos los factores clínicos asociados al sobrepeso extremo es mucho mayor que en pacientes con IMC menores (35-50)».
En estos supuestos, el experto considera que no se trata de una «cuestión de sesgo o estigma», ya que «existe evidencia clara de que algunos procedimientos en pacientes con superobesidad no obtienen los resultados esperados, o de que la evolución clínica puede ser mucho más compleja que en pacientes con normopeso, con riesgos que superan las ventajas esperadas».
De hecho, apunta Targarona, «existen recomendaciones basadas en la evidencia que indican que el mantenimiento de un peso elevado puede impedir la obtención de los resultados esperados en determinados procedimientos, como la cirugía articular o de espalda, la reparación de hernia de hiato o la cirugía de pared abdominal». Por ello, «es muy recomendable la pérdida de peso preoperatoria».
Riesgos quirúrgicos más destacados
El riesgo anestésico es uno de los principales obstáculos, ya que la obesidad mórbida dificulta el manejo de la vía aérea, la ventilación durante la cirugía, la intubación y la recuperación respiratoria.
Por otro lado, las cirugías abdominales abiertas implican un mayor peligro de complicaciones porque la grasa visceral y subcutánea aumenta el riesgo de infección de la herida, la probabilidad de dehiscencia, la aparición de hernias postoperatorias y la duración del tiempo quirúrgico.
En cuanto a las cirugías de prótesis de rodilla o cadera, la obesidad mórbida aumenta el riesgo de fracaso del implante, incrementa el riesgo de infecciones y reduce la movilidad postoperatoria.
En cirugía estética también hay limitaciones importantes: no se recomiendan procedimientos como la abdominoplastia o la liposucción en personas con IMC muy alto porque, entre otras cuestiones, hay un elevado riesgo de trombosis, necrosis y mala cicatrización.
Asimismo, en el caso de la cirugía cardiaca y torácica, la obesidad mórbida complica la ventilación, el acceso quirúrgico y la cicatrización esternal. «No constituye una contraindicación absoluta, pero sí implica un riesgo mayor que debe valorarse cuidadosamente», subraya Targarona.
Dado que en algunos casos no es posible postergar la cirugía hasta que se consiga una pérdida de peso suficiente, el especialista aclara que, «en situaciones urgentes o en casos de cáncer, no debería existir ninguna limitación asistencial, siempre que el paciente sea tratado en centros con capacidad para atender la complejidad implícita de la superobesidad». A este respecto, asegura que las «situaciones clínicas con IMC < 50 pueden tratarse con éxito en la mayoría de los hospitales de la red pública».






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